Larga vida a la cerveza

La tan temida o criticada “barriga cervecera” resulta ser un mito según la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y el Centro de Información Cerveza y Salud (CICS).

Los estudios realizados determinan que la cerveza no engorda, sino que su consumo en forma moderada potencia las dietas de adelgazamiento y sus antioxidantes son beneficiosos para nuestro organismo.

Larga vida a la cerveza

La cerveza, al ser asimilada fácilmente por el organismo promueve la secreción de jugos gástricos, estimula el apetito y facilita la digestión.

Uno de los más importantes beneficios de la cerveza es que disminuye entre un 40 y un 60% el riesgo de padecer lesiones coronarias. Esto es debido a que aumenta la concentración del colesterol bueno (HDL) mientras no crece la concentración del colesterol malo (LDL). El beneficio cardiovascular procede también de los polifenoles, unos antioxidantes naturales que también están presentes en el vino.

Las bebidas fermentadas como la cerveza y el vino conservan propiedades y elementos propios del fruto del que proceden. La cebada, en este caso, tiene la propiedad de prevenir enfermedades cardiovasculares, aporta vitaminas B (B1, B6 y B12), contiene silicio, elemento que previene la descalcificación ósea, y al ser pobre en sodio es recomendable para pacientes hipertensos.

La cerveza tiene muy bajo contenido en sodio, por lo que se puede incluir en dietas bajas en sal. Además, el consumo moderado de cerveza ocasiona un desplazamiento de los electrolitos (magnesio, potasio, sodio y calcio) en la sangre y la orina. En este modo, con el incremento de la cantidad de orina expulsada, se produce un aumento en la pérdida de sodio, mientras que el potasio y el magnesio no son afectados. Esta característica diurética previene la formación de cálculos y piedras en las vías urinarias.

Larga vida a la cerveza

No hay ningún estudio que demuestre que el consumo de cerveza está estrechamente relacionado con la obesidad. Los hábitos de alimentación y el estilo de vida acompañado de un alto consumo de cerveza es lo que ha formado la creencia de que la corpulencia sea atribuible a la cerveza.

El alcohol tiene un efecto represivo sobre el metabolismo de las grasas, reduciendo la proporción de éstas.

Un litro de cerveza equivale a entre 400 y 500 kilocalorías, la misma cantidad contenida en un zumo de naranja. Por lo tanto, la cerveza no sólo no engorda, sino que contiene un 0% de materia grasa.

Según el Centro de Información Cerveza y Salud, se considera que una persona adulta bien alimentada puede consumir 0,7 gramos de alcohol por kilo de peso corporal diariamente. Teniendo en cuenta que el contenido de una caña de cerveza (20 o 25 cl.) es de 10 gramos de alcohol, una persona que pesa 70 kilos podría hacer hasta cinco consumiciones diarias en varias tomas.

Bien, ahora que hemos aclarado el dilema de la “barriga cervecera” os esperamos en Arrocería Balear para gozarnos unas deliciosas tapas acompañadas de una buena cerveza.

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